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La Hostelería en España tiene un peso específico muy importante dentro del Producto Interior Bruto (PIB) o lo que es lo mismo, de la riqueza total que genera el país.

Después de la guerra civil española, el sector estuvo mucho tiempo casi parado debido a la situación social tan crítica en la que se sumió el país. Pasada la primera década empezaron a tomarse medidas sociales orientadas a garantizar una cierta estabilidad económica, precaria pero estable.

Se lucha fuerte contra el turismo de “alpargata”, o de bajo consumo, ya que básicamente no hace gasto en el país y no interesa desde el punto de vista de los ingresos.

Una vez empieza la activación del turismo internacional (porque doméstico era impensable) se crean las primeras escuelas de hostelería para dar cobertura a las necesidades del sector, de aquí en adelante más profesionalizado y exigente. Es el caso de la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid (Lago, 4 Marzo de 1959). Aun así, el número de profesionales es demasiado escaso con respecto a la demanda por la llegada masiva de turistas a las zonas costeras principalmente, por lo que el grueso de la mano de obra utilizada en el sector es personal no capacitado.

Con el aumento incesante de la actividad empiezan a profesionalizarse los puestos de trabajo y será hasta finales de la década de los `90 cuando el sector pase por su mejor estado de salud, llegando a marcar índices del 11% del PIB. Por aquel entonces la hostelería es una primera opción de vida profesional, pese a las jornadas intensivas, días de libranza fuera de festivos y/o fines de semana, etc… ya que los puestos de trabajo eran estables y el sueldo decente.

A principios de siglo con la llegada de reformas laborales y el intento por parte de los dirigentes de acabar con la economía sumergida del sector, se empobrecen los puestos de trabajo y frente al incesante crecimiento de otros sectores como el inmobiliario con mejores sueldos y jornadas continuas, la hostelería pierde adeptos y es cuando se produce la segunda oleada de intrusismo, en este caso por parte de las minorías más necesitadas, los inmigrantes.

Todo esto y la inagotable fuente de demanda laboral contribuyen al empobrecimiento del sector por la desvirtualización de los puestos de trabajo, es decir, se cobra menos y se trabaja más y en “peores” condiciones.

Aunque la situación empeoraba en cuanto a condiciones laborales, la gran depresión del 2010 da una nueva dimensión al sector hostelero. Se cierran locales referentes en todas las ciudades del país, la situación social y los despidos masificados de otros sectores como la construcción hace que esa población activa, ahora en paro, ponga sus ojos en la hostelería como vía de escape al drama que se vive en muchos núcleos familiares y por supuesto, vuelven a empeorar las condiciones de nuestros trabajadores.

Empeoran las condiciones gracias a la necesidad social y a las reformas laborales del gobierno en 2012, aceptando entre otras medidas el abaratamiento de los despidos o contratos de formación más largos. Es decir, mientras que a nivel empresarial se intenta desde el gobierno favorecer las contrataciones mediante ventajas fiscales, la mayor parte de los pequeños empresarios del sector, unas veces obligados por las bajas facturaciones de los negocios y otras simplemente en la búsqueda de mayores rentabilidades, aprovechan la reforma y la crítica situación económica y social del país para hacer negocio.

Se paga menos y se trabaja más, la hostelería se convierte en el flotador de gran parte de la población que ahora está dispuesta, por necesidad, a trabajar casi cualquier horario por un salario mínimo.

Aunque el pánico social a estas alturas ya casi ha desaparecido, bien es verdad, que la población sigue gastando menos, lo que ha creado un cliente “low cost”, que busca siempre el mejor precio o promoción. Síntoma inequívoco de este proceso es la aparición de múltiples empresas dedicadas a la emisión de “bonos” descuento.

Ya a día de hoy, la leve, muy leve activación de la economía nacional que marca índices de prima de riesgo estables o cierto cambio de inercia en la recesión económica, no se refleja todavía en las condiciones laborales del sector ni en los niveles salariales que siguen por debajo de los de hace una década.

La previsión siempre es optimista, pues lo peor de la situación parece haber pasado, aunque la recuperación de aquel “bienestar social” que teníamos antes de 2010 se prevé lenta.

Como siempre, tu aporte es bien recibido.

Ángel M. Calero

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